"Between joke and joke... the truth is shown"

psychoanalysis, culture, art and technology

Wednesday, June 12, 2013

¿Qué se come cuando se come?

por
Camilo Ramírez Garza

Dedicado al Chef Carlos Mendoza,
con mi admiración y cariño.

Por la boca se balbucea, se puede chupar, hablar, besar, respirar, comer, vomitar, morder... Es un lugar de contacto que, como muchas zonas erógenas del cuerpo,  además de participar en actividades nutricias y de supervivencia, también es un lugar por donde se genera y circula el placer de saborear, paladear, mamar, besar, hablar, gritar, cantar… algunas de estas experiencias se soportan en la palabra, otras en su desmaterialización, generando un lazo con el otro.

Se come por muchas razones. Comer es, además de un acto humano y social, un acto singular, pues posee implicaciones subjetivas y simbólicas para quien come: ¿Qué se come cuando se come? Se come para vivir y por placer; para pasar el tiempo, para celebrar, procesar y amor-tiguar las penas. “Las penas con pan son menos” –reza la sabiduría popular. Y es que existe la costumbre de llevarse un pan a la boca para calmar la sed de esa ansia informe y a veces inlocalizable de las penas del corazón, pero también los ánimos que, por otro lado, se quieren volver bocado para llenar. “Tu hasta lo que no te tragas te hace daño”  Para que entonces se puedan “pesar” y “medir” en…algo que tenga forma, lugar y cabida en el cuerpo. No es casualidad que en el origen religioso  de toda fiesta, la abundancia de la divinidad se expresara en rituales que involucraran (In-bolo-cracia: el gobierno del bolo) siempre un exceso de comida, bebida y práctica sexual, para el porvenir, la fertilidad de la mujer y de la tierra, para la salud de los niños; como si sólo mediante el llenando – o vaciado, contraparte que elige el asceta- todos “los puertos” y orificios del cuerpo, se pudiera sentir a…Dios, la seguridad, la hospitalidad… ¡Ah que divino!

Del banquete de Platón, a las fiestas y orgía romanas,  pasando por la narración del génesis sobre la expulsión del paraíso por “comer del árbol” prohibido, al maná del desierto, hasta la última cena, así como el banquete del condenado a muerte, se come algo más que comida. Comida, gesto e incorporación se unen dando coordenadas similares a las del baile, “El que come y canta loco se levanta”. ¿Y que si hoy fuera nuestra última comida? ¿Cuáles son tus antojos? ¿Tu comida preferida?

La comida dista de ser algo estático, es algo dinámico, posee historia, un objeto que siempre se mueve  y se desplaza conforme la expresión de los gustos y los ascos, las modas, los tiempos y las memorias. Consuelo, protección y placer para el recién nacido, acto social para el adolescente quien empieza a hacer sus primeras comidas aparte del hogar, en compañía de amigos  (“¡Comes bien!” –decían las madres al despedirse de uno); la cita romántica de ir cenar, en donde hay que cuidar las formas y las cantidades, pues no se vaya a pensar quien sabe que cosas o incapacitar para lo que sigue, no vaya a ser que…la comida como embajada y consuelo para quien está lejos de la patria y su sazón, última morada, a veces lo único que tienen los ancianos para exprimirle algo de sabor a la vida vía la comida y sus manjares. ¡Ah, que sería de la vida sin estos momentos y sin estos placeres! ¡Oda a los artistas del paladar! que hacen confluir en el tiempo un manjar de lo fugaz que trasciende las culturas y los tiempos, volviéndose narración a degustar.

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Twitter: @CamiloRamirez_

(Artículo publicado en el periódico El Porvenir (11/06/2013) cultural, p. 3




Thursday, August 02, 2012

Angustia: contexto creativo*


“Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombrey eso es lo que realmente somos”
José Saramago


Eso que angustia y constriñe, y que por momentos amenaza con reducir al silencio, no esmás que la manifestación de algo propio de lo humano, su herida fundamental: la carenciade ser.

La mente surge de la cavilación, de la duda y del pensamiento que requiere siempre serpensamiento de otra cosa y de otra cosa, que al remitirse a ese “algo más”, se enlaza yteje la red del horizonte posible de lo simbólico del cual siempre escapa algo, un resto sinnombre: justamente lo real que se moviliza y con incomodidad se expresa en la vida y enel cuerpo como una falta de orden y sentido, que angustia: ¿Qué haremos con “eso”? ¿Locallamos? ¿Lo hacemos desaparecer? ¿Le preguntamos algo? ¿Nos planteamos algo a partirde esa experiencia?


 Eso, “Es” (pronombre neutro) decía en alemán Sigmund Freud, para dar cuenta del “Ello”,Eso que habla y que nos interroga. Y si Ello habla, dice algo: ¿Cómo es que lo dice? Ysobre todo ¿Qué dice?


En la angustia el sujeto se ve confrontado con algo que le es propio: no saber, no ser.Es una experiencia que tiene la dignidad de mostrarnos al tiempo que un contexto, unaposibilidad: el de la pérdida y la creación (“Todo arte se caracteriza por cierto modo deorganización alrededor de ese vacío” Jacques Lacan); hay muchas otras figuras: la caída,la huída, la expulsión…del paraíso, del orden instintivo, etc.


Cuando se considera la angustia como algo “malo”, un trastorno o una disfunción delmiedo, que se quiere medir con escalas e inventarios psicométricos para determinar quetanto es normal o anormal que alguien la experimente en su vida, a partir de lo cual segeneran estrategias (psicológicas y/o farmacológicas) para “tratarla”, meterla en ciertosparámetros normalizantes, solo se le está cuantificando. Y ello nada tiene que ver ni conla dignidad de la angustia (que revela algo fundamental de lo humano que siempre nosacompaña, a partir de lo cual se crea algo) ni con investigar su cualidad, es decir, su sentidopara el sujeto que la sufre. No es lo mismo buscar a toda costa y por todos los mediosde la tecnología bioquímica y del mercado que “se nos quiete” la angustia, adormecerla,para vivir como si eso “… que está dentro de nosotros y no tiene nombre” no existiera. Aque a partir de la experiencia de la angustia crear algo que permita organizarnos ante undeterminado pesar. Un trazo que hace la diferencia, por ejemplo: quitar una experiencia, pretender reducirla al silencio es por demás angustiante, mientras que interrogarnossobre lo que dicha experiencia nos dice sobre nuestra vida y ese punto específico de unacoordenada clavada en el cuerpo, como es la angustia, permite empelarla como una brújulade vida, una experiencia que permita a partir de su caos y premura que toca el cuerpo yla vida de quien la padece, organizar y decidir algo. Solo entonces eso que angustia, -considerado como malo y que se quiere hacer-desaparecer- se convierte en motor y fuentede creación y lógica de vida, al estilo de “Me angustio porque (Yo) no soy, luego organiza,creo, hago y emprendo”



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twitter: @CamiloRamirez_

*Articulo publicado en el periódico El Porvenir 1 agosto 2012

Thursday, February 16, 2012

El amor, el amor ¡Ay el amor!

Por

Camilo Ramírez Garza



Si el amor irrumpe como una “falla” –de pronto surge sin saber como ni por qué- algo se ve/encuentra en el otro a quien se ama; se pierde o destruye al intentar llevar dicho milagro de Eros al terreno de la seguridad y el control, entonces aquello sorpresivo del arrebato amoroso se pierde. Pues la seguridad y el control no se lleva bien con aquello evanescente del amor y del deseo; así como la felicidad en la vida, por paradójico que parezca, no radica en el control de todas las variables, propuesta biopolítica para el humano: pasar de la cualidad a la cantidad, a la cuenta que reduce las vidas singulares a simple cifra, moneda y estadística. ¿Cuánto vale ($) el amor? ¿Cuánto pesa? ¿Qué se ama cuando se ama a alguien? ¿Qué es ese “algo” (ese no se que que qué se yo) que se cree en el otro a quien se ama?


El amor surge sin cálculos ni formulas, sorprende, es un arrebato amoroso que quizás solo la poesía y la música,como las demás artes, logran dibujar, con lo imposible de retratar lo evanescente. Uno no programa de quién o cuándo enamorarse. “Aprenderás a amarme” –le grita con mucha autoridad el galán de telenovela a su imposible y lejana enamorada, ante lo cual ella no puede hacer nada. Ante la no correspondencia del amor, ella y él, están impotentes, limitados. El amor por ello es revolucionario, pues no admite reducciones al estilo del mandato de la política, la ciencia, latecnología y sobre todo del mercado. Por ello el amor es diferente a las relaciones-contrato al estilo del mercado donde el otro otorga un “servicio” a cambio de un producto y viceversa. El amor es un vinculo que no es estático, sino sujeto a laberintos, encantos y desencantos, que a sí como inicia puede acabar o atravesar diversos momentos, transformarse. Justo porque nada ni nadie, es siempre lo mismo y la misma cosa, así el amor también posee el dinamismo del cambio. Con la misma cuestión de que los cambios son riesgos ante los que a priori no se sabe qué surgirá; algo que se dice o hace, un cambio de amigos a novios a esposos a padres, y al revés, de novios a amigos, a nada, etc. nadie sabe con certeza qué es lo que dicho cambio en la vida de la pareja va a introducir, ni cómo los cambiará a cada uno. El peso de la rutina, su supuesta seguridad sobre lo que se hará tal o cual día, tal o cual fecha, etc. su aparentemente cansancio y fastidio, en ese sentido, también puede leerse como un miedo de no enfrentar lo verdaderamente traumático del amor: que no es seguro, que puede fallar, sorprender, transformarse, lo mismo que sí mismo o el otro.


El amor es un fracaso para jugar. Esto intenta decir que el amor en tanto elaboración ideal del otro y de sí (que todo sea perfecto, ordenado y sin fallas) es, además de una ingenua bella ilusión, una garantía condenada a mostrar su fracaso en la existencia del día a día. Ante lo cual se puede uno lamentar de que el otro no es lo suficientemente perfecto para sí –con la contraparte de que uno tampoco lo es, por supuesto- enojarse, si quieren, hacer berrinche, o recoger los efectos de la caída de los ideales mediante la estrategia del humor, (¡No hay amor sin humor!) justo porque del fracaso se puede uno enojar, pero también reír y sobre todo, aprender: que lo que falla del modelo ideal también es un desencantamiento que permite respirar, tranquilizarse, no ver la vida y el amor tan amenazadoramente, entonces se puede jugar y crear algo nuevo.


Twitter: @CamiloRamirez_


El amor, el amor ¡Ay el amor!

Por

Camilo Ramírez Garza

Si el amor irrumpe como una “falla” –de pronto surge sin saber como ni por qué- algo se ve/encuentra en el otro a quien se ama; se pierde o destruye al intentar llevar dicho milagro de Eros al terreno de la seguridad y el control, entonces aquello sorpresivo del arrebato amoroso se pierde. Pues la seguridad y el control no se lleva bien con aquello evanescente del amor y del deseo; así como la felicidad en la vida, por paradójico que parezca, no radica en el control de todas las variables, propuesta biopolítica para el humano: pasar de la cualidad a la cantidad, a la cuenta que reduce las vidas singulares a simple cifra, moneda y estadística. ¿Cuánto vale ($) el amor? ¿Cuánto pesa? ¿Qué se ama cuando se ama a alguien? ¿Qué es ese “algo” (ese no se que que qué se yo) que se cree en el otro a quien se ama?


El amor surge sin cálculos ni formulas, sorprende, es un arrebato amoroso que quizás solo la poesía y la música,como las demás artes, logran dibujar, con lo imposible de retratar lo evanescente. Uno no programa de quién o cuándo enamorarse. “Aprenderás a amarme” –le grita con mucha autoridad el galán de telenovela a su imposible y lejana enamorada, ante lo cual ella no puede hacer nada. Ante la no correspondencia del amor, ella y él, están impotentes, limitados. El amor por ello es revolucionario, pues no admite reducciones al estilo del mandato de la política, la ciencia, latecnología y sobre todo del mercado. Por ello el amor es diferente a las relaciones-contrato al estilo del mercado donde el otro otorga un “servicio” a cambio de un producto y viceversa. El amor es un vinculo que no es estático, sino sujeto a laberintos, encantos y desencantos, que a sí como inicia puede acabar o atravesar diversos momentos, transformarse. Justo porque nada ni nadie, es siempre lo mismo y la misma cosa, así el amor también posee el dinamismo del cambio. Con la misma cuestión de que los cambios son riesgos ante los que a priori no se sabe qué surgirá; algo que se dice o hace, un cambio de amigos a novios a esposos a padres, y al revés, de novios a amigos, a nada, etc. nadie sabe con certeza qué es lo que dicho cambio en la vida de la pareja va a introducir, ni cómo los cambiará a cada uno. El peso de la rutina, su supuesta seguridad sobre lo que se hará tal o cual día, tal o cual fecha, etc. su aparentemente cansancio y fastidio, en ese sentido, también puede leerse como un miedo de no enfrentar lo verdaderamente traumático del amor: que no es seguro, que puede fallar, sorprender, transformarse, lo mismo que sí mismo o el otro.


El amor es un fracaso para jugar. Esto intenta decir que el amor en tanto elaboración ideal del otro y de sí (que todo sea perfecto, ordenado y sin fallas) es, además de una ingenua bella ilusión, una garantía condenada a mostrar su fracaso en la existencia del día a día. Ante lo cual se puede uno lamentar de que el otro no es lo suficientemente perfecto para sí –con la contraparte de que uno tampoco lo es, por supuesto- enojarse, si quieren, hacer berrinche, o recoger los efectos de la caída de los ideales mediante la estrategia del humor, (¡No hay amor sin humor!) justo porque del fracaso se puede uno enojar, pero también reír y sobre todo, aprender: que lo que falla del modelo ideal también es un desencantamiento que permite respirar, tranquilizarse, no ver la vida y el amor tan amenazadoramente, entonces se puede jugar y crear algo nuevo.


Twitter: @CamiloRamirez_


Thursday, December 29, 2011

El fin que es principio

por

Camilo Ramírez Garza

Todo final se continúa en un principio. El final del año es el borde, el límite en una calendarización de 12 meses que hace un año de 365 días, usando los astros y estaciones como referentes para hacer dicho corte en el tiempo. Es una forma, entre muchas, en la que los humanos creamos los referentes de espacio-tiempo por donde transitamos.

El fin del año es una ficción de pasaje de un tiempo a otro que se da en el umbral donde el final coincide con el principio a la hora marcada 00:00 del 31 de diciembre. El año viejo que termina y da inicio en un solo segundo –como la vida que cambia de un instante a otro- al año nuevo. Junto a “nuevas viejas expectativas” el imparable tiempo que a su paso todo alcanza transcurre entre fiestas y esperanzas para algunos, y trabajo y soledad para otros. Cada quien vive ese pasaje a su tiempo y a su modo.

El año nuevo da la sensación de ser un lienzo limpio y lleno de posibilidades. Un lugar por done realizar trazos pendientes y recientes (¡Ahora si voy a…!) proyectos, anhelos y deseos. Sin embargo a menudo lo nuevo puede también angustiar, justamente por ser algo no conocido que implica la creación a partir del desconocimiento, no solo de la vida y la supuesta realidad en la que se vive, sino un desconocimiento de lo que se supone que alguien es o no es. Ya que el ser es algo vacío, lleno de equívocos y desconocimiento. Por ejemplo, si uno se espera a estar listo para hacer o emprender algo que se desea hacer, nunca se hará. Si uno responde solo desde lo conocido (habilidades, errores, etc.) que se creen tener, la acción se limita. Por lo que es conveniente no conocerse demasiado. No hacerle tanto caso a lo poco o mucho que uno cree saber de sí, sino emprender lo que se desea hacer, así, precisamente porque se desea hacer, y no por que uno tiene las habilidades, requisitos y bla bla bla que supuestamente garantizarían el existo de no sé qué cosas….

Algunos de los deseos de año nuevo son solo eso, deseos. Solo los formulamos y tenemos para desearlos, pero no para realizarlos, sino para que organicen algo: a veces culpa, sueños y anhelos frustrados que hagan llorar gozosamente. Otros deseos quizás si se realizan, pudiendo emprender con ellos algo, una experiencia, que no sabemos a dónde nos llevará, un encuentro, cuando no un re-encuentro con eso que creíamos jamás poseído o perdido. ¿A dónde quieres que te lleven tus deseos? ¿A dónde te dejarás –sin muchas garantías- conducir por eso que dices desear realizar?

Camilo Ramírez Garza es psicoanalista, escritor y comediante, ¡Valga la redundancia! Desarrolla su actividad en la atención clínica psicológica, consultoría a docentes y profesionales del campo de la educación, así como en sectores empresariales. Es conferencista internacional. camilormz@gmail.com Web site: http://camiloramirez.jimdo.com

Monday, July 25, 2011

Miradas


por

Camilo Ramírez Garza


Entre el tráfico cargado a la hora pico, unos ojos hermosos me miraron de coche a coche, parecían sonreirme. Esa mirada viajaba entre un convoy de policías y militares.


El decorado en sus pestañas y cejas, así como su cuerpo ceñido al disfraz de batalla color negro distraían la atención del uniforme policial, su ametralladora cargada y su pasamontañas, listos para la batalla.


Entonces pensé: mirada anónima de mujer que tras el pasamontañas posee su historia.


Monterrey, Nuevo León, México, 20 julio 2011

Saturday, July 16, 2011

Psicoanálisis del viaje*

Foto: CRG/15/07/2011


Camilo Ramírez Garza

psicoanalista, escritor y comediante


La vida es un viaje.

Vamos conociendo, desconociendo,

encontrándonos.

Y a veces, incluso, desconociéndonos.
La memoria es el tesoro sutil y fugaz

que sostiene la vida humana de un fuerte hilo de humo y agua.

.

Todo viaje es un encuentro. Así como un re-encuentro con algo que se creía perdido. Viajar implica no solo un desplazamiento geográfico sino subjetivo: salir de lo que se considera lo propio (lugar de residencia, rumbos, gente, familia, amigos, trabajo, idiosincrasia, valores, lengua, imágenes, etc.) ir al encuentro con lo diverso: la multiplicidad de matices y texturas, bajo diferentes formas, colores y sabores. Ver la otredad con nuestros ojos –y al regresar- lo propio con unos nuevos, transformados, produce un cambio que no se sabe a priori a donde llevará. Por ello el viajar es una experiencia de descanso y diversión: dejar por un momento la costumbre de ser uno mismo en relación con lo conocido, la pesadez del ser. Entonces se expande el mundo, “mi” mundo, cuando me encuentro compartiendo la mirada con aquellas miradas que vi:

“Me descubro en mis imágenes. Aquello que miro es aquel que mira: yo mismo. Soy una imagen entre mis imágenes y cada una de ellas, al mostrar su realidad, confirma la mía…De pronto, y muy pronto, la coincidencia se rompe: no me reconozco en lo que veo ni lo reconozco. El mundo se ha ido de sí mismo…” (Octavio Paz, El Príncipe: el clown, 1978) Entonces se advierte que la vida es puro cambio, camino y viaje, miradas en movimiento.

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis (y además con un intenso miedo a viajar en tren, el cual no le impidió pasearse durante toda su vida) para explicar en qué consiste el método psicoanalítico, utilizaba una metáfora del viaje: "Diga, pues, todo cuanto se le pase por la mente. Compórtese como lo haría, por ejemplo un viajero, sentado en el tren del lado de la ventanilla que describiera para su vecino del pasillo como cambia el paisaje a su vista" (Freud, “Sobre la iniciación del tratamiento, 1913) justamente porque todo viaje es un descubrimiento, una confrontación y encuentro con aquello que se considera estable y permanente de sí mismo y del mundo conocido (ideas, valores, nociones, costumbres, etc.) por el contraste con los usos y costumbres de las personas de otros lugares, precisamente como sucede durante un psicoanálisis: el sujeto “viaja” por sus ocurrencias y descubre en dicho “viaje”, algo que en cierta formar siempre supo, pero no podía ver. Por ello el viajar no es para todos, hay quien no desea ser confrontado en la visión única de “su” mundo, lo nuevo le aterra, prefiere quedarse en el mismo lugar aunque recorra grandes distancias. “El que nace para maceta no pasa del corredor” advierte la sabiduría popular. Por ejemplo quien acostumbra ir a un restaurant y lugar nuevo a comer y hacer exactamente lo mismo.

El viaje es búsqueda, encuentro y desencuentro. Descifrar lo infinito en lo finito. Celebrar todos los años, los rumbos, las épocas, la vida y la muerte en breves instantes, donde confluye lo conocido y desconocido con el porvenir, en una polifonía de texturas, ideologías y sabores donde se experimenta aquello que se creía perdido y que se ha finalmente (re)encontrado.

Camilo Ramírez Garza es psicoanalista, escritor y comediante, ¡Valga la redundancia! Desarrolla su actividad en la atención clínica psicológica, consultoría a docentes y profesionales del campo de la educación, así como en sectores empresariales. Es conferencista internacional. camilormz@gmail.com Web site: http://camiloramirez.jimdo.com


*Articulo publicado en el No.1 de la revista Destinos y Hoteles, p. 59.

Thursday, June 30, 2011

Vidas sin consecuencias

por
Camilo Ramírez Garza

“Mira, solo llena esta forma y listo. No importa mucho, de hecho casi nadie revisa esos
registros, pero así se tiene que hacer”, “La prueba que les vamos a poner no cuenta, pero
igual deben realizarla”, “Si, no importa, usted solo diga por qué no, y no es necesario
que vaya”, “Aquí no podemos atender esos casos puesto que no podemos echarnos ese
compromiso, remítelo a…”, “Tu di como que sí, pero luego no lo hagas”, “Solo le puedo
levantar el reporte, pero igual no se puede hacer nada”, “Le tomamos la denuncia, pero
igualmente esos delitos no se investigan”

La burocracia, aquel poder inútil que se ejerce desde un escritorio, no solo opera desde
el ámbito de servidores públicos ineficientes, sino ha ido permeando diversos sectores
(escuelas, hospitales, empresa, asociaciones, mercado, etc.) con su lógica, una vida sin
consecuencias: aumentan las disposiciones formalistas, como programas, estandarizaciones
de calidad, mediciones y evidencia para todo, protocolos que se ofrecen como la panacea
ante cualquier contingencia, pero sin tocar el más mínimo elemento problemático a trabajar
de la experiencia, sino aún más bien buscar ahogar y descartar los detalles, las diferencias,
ante el aplastante formato único que dictaría no solo que hacer, sino en un exceso, que
deber ser.

Dicha estandarización de la experiencia, como una de las estrategias biopolíticas por
excelencia, que intenta reducir las diferencias de los humanos al puro ámbito del
organismo (zoé) encuentra una lamentable buena recepción en el Estado –su inventor- y
en el mercado, mediante una trasformación en la lógica –nombrada por muchos- como
superyóica postmoderna, que propone al sujeto actual como único sentido de vida: ¡Debes
Gozar! Con lo cual se van descartando diversas experiencias que igualmente producen lazo
social, como el amor, el dolor, el sufrimiento, la participación ciudadana como contrapeso
y exigencias al Estado, etc. y que van tejiendo un contexto en donde se busque que no haya
consecuencias, ni efectos (sobre todo traumáticos y molestos) de nada, más que gozar. Solo
hay que prender la TV o voltear a ver los anuncios de la urbe para poder leer la propuesta
al sujeto: vive sin problemas ni esfuerzo, solo dedícate a gozar. Ello es además de atractivo
para el sujeto, vivir una vida sin problemas ni fallas, de mucha utilidad al Estado, pues ahí
donde antes había hartazgo, hoy hay –no en todos afortunadamente- fastidio e indiferencia,
ante la supuesta idea de que no habrá consecuencias favorables para poder realizar
una transformación de algo. Por eso se escucha a muchos decir, entre mística hueca,
necesitamos una revolución, pero no contra el poder del Estado, sino de la conciencias de
todos, algo que no implique a los poderes. ¿Cómo podría sostenerse ese absurdo?

En el ámbito de la consulta psicológica se pueden apreciar casos particulares al respecto:
primeramente quien o quienes consultan manifiestan malestares para acto seguido esperar

que se solucionen sin realizar algo, por no decir casi nada o nada. Se espera que haya
un cambio pero que no implique hacer algo, en ese sentido, se plantean un tratamiento
sin consecuencias. Justo como un efecto de la propuesta del mercado y el Estado como
única forma de vinculación y transformación social la siguiente: ten dinero y compra lo
que deseas para gozar, o para nosotros así gozar (presupuesto, partidos, poder económico,
dominación tributaria)

Escuchar atentamente las formas en las que el sujeto comunicacional se construye desde
los medios/miedos, el Estado y el mercado es un asunto también de salud mental, pues
los malestares que los humanos padecen actualmente, son una respuesta sintomática, ¡Una
señal de alarma, un reclamo social! ante eso que la cultura ha intentado dictar sobre lo
que se debe y no hacer, gestionado sistemas de normalización y vigilancia para los otros,
claro, nunca para ellos mismos, con lo cual la psicopatología se moldea entorno a ello. Por
ejemplo: ¿No será acaso la bipolaridad, una forma de respuesta ante el cambiante hecho
del mercado, incluso el psiquiátrico y farmacológico que “va de un lado a otro” con sus
expresiones vagas sobre lo que es la salud y la enfermedad, moldeándose de acuerdo al
fármaco más popular que dará…la felicidad, la paz, la tranquilidad?

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Wednesday, June 22, 2011

La función del psicólogo hoy




por

Camilo Ramírez Garza

Es lugar común declarar que todos necesitamos ir a un psicólogo, que si todos fuéramos a atendernos con uno, el mundo sería mejor y bla bla bla. Al extremo de casi casi cambiar el Himno Nacional Mexicano por “un psicólogo en cada hijo te dio”. Lo miso sucede en una conversación cuando se mencionan problemáticas sociales (criminalidad, desempleo, drogadicción, corrupción, etc.) siempre, más o menos, se concluye que hay que fortalecer la educación, que si la educación empieza sobre todo en la casa, que si los padres, que si los maestros, que si la pérdida de valores generalizada, que si la metodología y modelos de enseñanza, etc. Cada quien lleva “agua para su molino”, mientras los sindicatos piden más y más recursos, ampliación excesiva del presupuesto para “atender” tales lastres con mejores herramientas, programas y profesionales más capacitados, plataformas que permitan desplegar integralmente en todas las áreas recursos eficáces y demás bla bla bla blas, algunos alumnos se cuelgan de la queja gozosa “de lo que le falta…a la escuela, a sus padres” para realmente ahora si estudiar, en lugar de hacer lo propio y mejor con lo poco, mediano o mucho que hay.

Mientras que es maravilloso, sobre todo para los “psi” (psicólogo, psiquiatra, psicoanalista, psicopedagogo, etc.) que las puertas de todos los órdenes, espacios y profesiones, se abran para dar recepción al saber de la psicología, y así, quienes nos dedicamos a alguna variante de la misma, tengamos trabajo, posibilitando nuestra subsistencia, por otro lado dicha demanda en constante aumento, plantearía su vacuidad, inicia por “servir para todo” al grito de “¡Llévenlo a un psicólogo!” exclamación de talk show y termina “sirviendo para nada”, como también diversas interrogantes sobre el quehacer del “psi” hoy: una en específico ¿Hasta qué punto los diversos discursos y psicológicos, empiezan o terminan, por producir malestares mayores de los que supuestamente deberían atender, individual y socialmente, justamente por la forma y posición que los psi asumen ante el humano y sus sufrimientos: una posición de persecución, especie de policía de la salud mental del deber ser?

No cabe duda que a los “psi” se nos piden cosas, pero muchas de ellas tienen que ver con pretender “quitar eso” que es intolerable a la manera en la que el mercado a permeado con sus lógicas todos los órdenes: quiero bueno, bonito y barato, y lo más rápido posible y sin esfuerzo ni sufrimiento, pues me molesta que esté así. Quienes trabajan en el ámbito educativo sabrán que muchas de las quejas de los docentes o maestros sobre sus alumnos, que terminan por ser referidos al especialista “psi” tienen que ver más con cuestiones de imposibilidad de sus propios quehaceres como docentes y padres. Cosa que, antes de pretender calmar mágicamente esas demandas al estilo de “Si, déjeme le quito eso que tiene su alumno o hijo y que a usted le molesta” se interrogaría sobre el sentido de tal o cual malestar tal cual se presenta en el momento presente, y atender a quien tenga la problemática sobre cómo atender, más que hacer historias tramposas sobre causalidades o factores de riesgo y protección que estarían participando de manera multifactorial en la gestación del malestar bla bla bla bla bla, lógicas que terminan siendo verdaderos instrumentos de persecución psicológica sobre el deber ser y hacer, instrumentadas en las tan mentadas estrategias de prevención (Cfr. “Vigilar y castigar” de Michel Foucault) dejando de lado la intervención que logre advertir y atender el sentido de tal o cual padecimiento no solo para quien lo sufre, sino para quienes están implicados en ello, así como lo cómodo que en algún momento puede ser para alguien tener tal o cual pesar.

La psicología es muy necesaria, sí, claro. Pero una de las funciones que creo se debe atender es que quienes trabajamos en contextos psicológicos, tomemos en cuenta, de inicio, intermedio y finalización, el efecto subjetivante que tienen las palabras, teorías y ocurrencias que decimos en diversos ámbitos, sobre todo cuando son éstas las productoras de malestares psicológicos que después paradójicamente regresan para que sean atendidos por un psicólogo.

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Thursday, June 09, 2011

TEJIDO SOCIAL


por

Camilo Ramírez Garza

“Tal parece que en estos tiempos se prefieren

las pastillas a las palabras”

“Más enérgica y radical es la acción de otro procedimiento: el que ve en la realidad al único enemigo, fuente de todo sufrimiento, que nos torna intolerable la existencia y con quien por consiguiente, es preciso romper toda relación si se pretende ser feliz en algún sentido. El ermitaño vuelve la espalda a este mundo y nada quiere tener que hacer con él. Pero también se puede ir más lejos, empeñándose en transformarlo, construyendo en su lugar un nuevo mundo en el cual queden eliminados los rasgos más intolerables, sustituidos por otros adecuado a los propios deseos.” (Sigmund Freud, El malestar en la cultura, 1929) Hay quienes insisten obstinadamente en realizar tal “limpieza” del mundo, que al hacerlo, rasgan el tejido social que organizaba –mal o bien- una forma de construcción de colectividad y de Estado. Como señala Juan Villoro, en El imperio del narcoterrorismo en México, el pasaje del priísmo al panismo, con sus ideales de pureza y limpieza, ha transformado las lógicas que otrora organizaran “el tejemaneje” social: “Terminado el monopolio del PRI, los códigos de la impunidad se disolvieron sin ser sustituidos por otros. ¡Bienvenidos a la década del caos! A ocho años de la alternancia democrática, México es un país de sangre y plomo.” (Juan Villoro)

En estos tiempos se dice que el tejido social se ha rasgado, expresión portadora de un malestar generalizado cada vez más intenso: del fracaso del capitalismo rapaz dador de “progreso” que genera igual extremos de riqueza que de pobreza, al fracaso de la representatividad de los supuestos gobiernos democráticos, a la proliferación de un crimen cada vez más cruento y fatal, a las deficientes condiciones sociales de educación, empleo y salud que el Estado dispensa, que de estar en grados mínimos permitirían al ciudadano poder no solo sobrevivir, sino vivir y disfrutar. En un contexto cada vez más desesperanzador en donde pareciera que la única propuesta y salida posible es la que ofrece el mercado con su imposición superyóica postmoderna: ¡Debes de gozar! Irónicamente coincidente con la del Estado, el narcotráfico y el biopoder de la fármaco industria. ¡El sujeto se “vaciando” de discursos y diálogo, para quedar lleno del predominio de la siempre imagen cautivante e inmediata, supuesta portadora de la verdad, lo mismo que del terror, el miedo, la desesperanza y el estrés! Del pasaje de la lógica de las ideas, de los discursos, a la de la imagen, y de ahí a la del organismo como certeza... De la oreja, al ojo, a la boca.....una erótica de puro llenado, quedándose atragantado sin poder hablar, amordazado con comida, bebida, drogas legales e ilegales.

Pasar de la protesta genuina a la letra que intente organizar los hilos del tejido social mediante leyes y políticas públicas eficaces, con la apuesta de bienestar social (“Toda psicología social es también psicología individual” Freud) que restituya las condiciones mínimas indispensables, y luego continúe hilvanando la participación de todos aquellos sectores y ciudadanos que se quedan en la periferia sin poder enlazase, ni transitar de condiciones de miseria, pobreza, a las de mejores oportunidades para ellos y sus hijos, serían las medidas realmente incluyentes de atención a la salud y bienestar laboral, siempre en constante relación que desarrollan a un país. En lugar de eso, pareciera que el Estado Mexicano opta por sacrificar a toda costa los tejidos sociales que son soporte de la atención a los grupos vulnerables, en vez de ello, apuesta solo por el terror y el miedo –legal o supra-legal, perverso- como restitución de un “orden que jamás llegará” en donde el menaje enviado es:”la fuerza del Estado te encontrará y aplastará por las buenas o por las malas, pues “Haiga sido como haiga sido” (Calderón al referir su llegada a la presidencia cuestionada como fraude electoral) te exterminaremos, asesinándote….para poder vivir en un mundo tranquilo y hermoso….¿Será?

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Monday, May 09, 2011

Lo que seduce del crimen


por

Camilo Ramírez Garza

No pretendo hacer una apología del crimen. Sino abordar –no son riesgos- algo que queda de lado por diversos órdenes sociales: el objeto seductor del crimen, eso que encanta, tanto para quien lo ejecuta, como para quien observa y sigue las labores del crimen, así como aquellos que lo capitalizan entreteniendo con sus noticias.

Como su etimología lo indica, crimen es “cortar, cribar, cernir”, ¿Qué se corta, sino lo que se pensó unido? Mientras que Rousseau hablaba de “romper el contrato social”, podríamos decir que en ese nivel se sigue considerando el lugar y función del contrato, en el acto de romper habría un reconocimiento y una posibilidad de poder resarcir lo roto. En estos tiempos –si me permiten la expresión- no se rompe ya el contrato, se mata al que lo hizo y a aquellos que mantienen un lazo gracias a él, la-sociedad civil (terrorismo: eso es a lo que Javier Sicilia se refiere a “Han roto sus códigos de honor” en su llamado a los delincuentes) con un cierto halo de “sublime angelical-abyecta pasión” en el delincuente, al cual se le supone un goce excesivo de amo total: todo el poder, todo el dinero, todas las mujeres y lujos. Son los temas de los relatos y canciones del narco. Ideales que, por más que se lo niegue, son los mismos de los del mercado y la buena educación para muchos niños, jóvenes y adultos: estudiantes, amas de casa, profesionistas, servidores públicos. De ahí que pudiéramos decir que en los delincuentes queda representado “Eso” compartido por el resto que no se ejecuta, sino guarda una relación de horror con el crimen, mientras que el otro –el criminal- si expresa horror/fascinación. “La neurosis es el negativo de la perversión”
-decía Freud.

Por paradójico que parezca, la humanidad rinde homenaje a los que dejan columnas de cadáveres, no solo porque la muerte es “El” asunto humano por excelencia: la muerte de otros nos rebota hacia la nuestra, sino por lo excesivamente enigmático que es “el más allá” desde el más acá. ¿No cumplen esa función las referencias de gente que en pláticas presume que conoce a alguien que conoce a alguien que conoce a alguien que es…? (narco, diputado, alcalde, gobernador, presidente...) Deseo-Vida-Muerte-Sexo-Crimen-Poder es un circuito que sostiene la existencia, dejándola asomar como por una rendija, algo que funciona como un objeto obscuro y del cual se considera que es mejor mantenerlo negado, hacer como que no es motor pujante del mundo. ¿Acaso Silvio Berlusconi no ha hecho público algo que es el “pan de cada día” del poder?

¿No es acaso el mismo elemento seductor asesino-trágico- salvador, el que encontramos tanto en las labores del crimen organizado como en los comerciales del gobierno federal mexicano, ambas con impunidad, donde se enlistan una vez más las atrocidades de diversos capos del narco, y que ha sido el gobierno quien los ha detenido, en algunos casos ultimándolos y exponiéndolos al teatro del patíbulo televisivo, manchados de sangre, cubiertos de billetes para la hora del show? ¿Qué es lo que en realidad le molesta-sirve tanto al Estado del crimen? ¿Tener finalmente competencia sobre quien controlar a la ciudadanía? ¿No es acaso el culto al crimen, un retorno al poder supuestamente ilimitado del soberano, aquel que tenía control sobre la muerte? ¿No es acaso el mejor control hacia el ciudadano: sentir que estamos o en las manos del crimen o del estado, los malos y los buenos? ¿Por qué de pronto el quehacer del Estado y del crimen, parecieran tan iguales? Incluso compartiendo la formula: no es solo el narco quien mata ahora, sino también las fuerzas del Estado.

La desconfianza, fatalidad y paranoización de la existencia en los ciudadanos no es solo la de vivir con miedo permanente, efecto de la delincuencia, sino una actividad que encuentra una noción erótico-fatalista poblada por “quienes si cumplen”, en donde, incluso, –compárenlo con lo que oyen en sus charlas con amigos- se considera aplastante y sin escapatoria el quehacer del criminal: se duda de la promesa de un “x” político, mientras se toma como “ley de la carne” (Cfr. “El imperio del narcoterrorismo en México, de Juan Villoro) eso que el criminal dice que hará, o simplemente ejecuta, cortando el elemento de decir, sentenciar y ejecutar. En ese sentido -al más puro estilo de la ironía- ¿Qué sucedería si las lógicas se intercambiaran: si los políticos cumplieran, y los criminales se volvieran un poco, o un mucho, políticos: que lo que dicen que harán, finalmente quede en pura palabrería?

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Monday, April 25, 2011

La sabiduría del ocio

La sabiduría del ocio[1]

Camilo Ramírez Garza

"...estamos hasta la madre porque sólo les importa el dinero,

el poder, su pinche "competitividad" y el consumo desmesurado."

Javier Sicilia

El ocio es uno de los más grandes placeres, así como –por más paradójico que parezca- productor de sabiduría. Detengámonos aquí, ya que he mencionado una palabra, a la vez majestuosa y sencilla, como es “sabiduría”, y aclaremos un punto: no existe escuela alguna, ni la más prestigiosa a nivel local, nacional o internacional, esa a la cual todos quieren aplicar y contarse entre sus filas, con miles de consejos consultivos, recursos, instalaciones, historias y grandes pasillos, que logre transmitir sabiduría en si misma. ¿Cómo es eso? Justo porque la sabiduría es de otro orden: de experiencias de vida y no efecto en serie de ambientes “controlados” al estilo de experimentos o modelos de competencias, valorados, medidos y cuantificados como procesos industriales. A lo mucho lo que las escuelas -de kínder a universidad- podrán otorgar es conocimiento bibliográfico y operativo, al estilo “How to do it”, pero no experiencias que tengan como efecto el saber-hacer, de ahí un segundo inicio –podríamos decir- de la formación ya en el ámbito laboral. Eso no quiere decir que sean del todo desdeñables las clases y credenciales que otorgan las escuelas. La mayoría del mundo se mueve por dichas lógicas. Sin embargo, quizás el ocio también es una escuela, pero de vida (del gr. Skolé: ocio, tiempo libre) de la contingencia. Después de todo no es casualidad que “ocio” guarde una relación etimológica con la raíz de la palabra latina “escuela”, Schola.

¿Qué tiene que ver el ocio con la sabiduría? Pareciera una paradoja ponerlos en relación, todo lo contrario a la visión de la producción como desarrollo de ¡éxito!, que busca acumular capital a la vez humano y monetario. Que interesante que se le llame con el común denominador, “capital”, a dos cosas tan diferentes, justamente la visión de la empresa y Estado (biopoder) como la de los nazis y el crimen organizado, consiste en reducir al humano a simple cifra (%,$, etc.) El ocio no es solo la madre de todos los vicios, como creerá, sino el contexto de las ocurrencias creativas que suscitan las artes, donde habita lo verdaderamente importante: la nada de donde surge todo. Por ejemplo, que tanto nos hacen falta, la falta. son éstas las que funcionan en parte como la memoria de la humanidad, así como interrogantes sobre en lo que nos hemos convertido el rumbo que vamos tomando. Y que decir de los millones de inventos que surgen de la contemplación del sabio inventor.

El ocio guarda además una relación con la lentitud, estar en el cuerpo en el instante presente, sin urgencias ni planes llenos de cosas por hacer. Podríamos decir que son dos eventos que hacen tomar cabal noticia de estar: el nacimiento y la muerte. De todos los demás podemos ausentarnos, hacer como que no estamos, de estos no. Eso es quizás lo que más se disfrutan de las vacaciones: dejar la pre-ocupación por la ocupación del descanso y el ocio: el placer de hacer nada, vivir el instante. Hasta que, por supuesto, aparecen los nutridos paseos exprés que ofrecen el recorrido turístico, el paseo, el relato, la foto, el souvenir, que es imposible no pensar, que incluso el descanso y diversión, deben de ser administrados, sobrecargados. De ahí que no sea extraño necesitar unas vacaciones de las vacaciones, una vez que uno retorna. Pues allá la apuesta fue también “gozar al máximo”

Mientras que los avances tecnológicos nos han acortados las distancias y tiempos, acelerando y eficientizandando los recursos (valores del mercado) el cuerpo ha quedado saturado de actividades, dejarlo caer, sentir, es ya un paso para descansar.

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[1] Artículo publicado en El Porvenir 20 abril 2011, sección cultural, p. 3

Friday, April 08, 2011

El objeto de la mirada

por
Camilo Ramírez Garza


“..no podemos mirar una serie de signos extraños ni escuchar una sucesión de palabras
desconocidas sin falsear primero su percepción por miramiento a la comprensibilidad,
apuntalándonos en algo ya sabido”
Freud


En “El príncipe: el clown” Octavio Paz dice: “Coincidencia que se desdobla: soy una
imagen entre mis imágenes y cada una de ellas, al mostrar su realidad, confirma la mía…
De pronto, y muy pronto, la coincidencia se rompe: no me reconozco en lo que veo ni lo
reconozco”.

Al ver algo, se tiene la ilusión de que es el sujeto quién ve/contempla/define/controla
eso que ve (algo, una cosa, el mundo, el otro…), muy en la línea de la dominación “Id y
nombrar”, conocer sus leyes de res extensa, controlarla, explotarla…sin embargo es el
objeto, lo visto, lo que mira y produce –desde su aparente pasividad- efectos no calculados
en el sujeto: no se sabe que se producirá a partir del encuentro con lo que ve (visita a
un museo, ver algo por la TV, una mirada, un encuentro) Mirar puede ser ante todo un
encuentro que sorprende, ser encontrado por algo.

Freud nombró -a partir de los aportes del psicoanálisis- como la “3ª herida al narcisismo
humano” (Las primeras dos fueron “La tierra no es el centro del universo”, y la planteada
por la evolución darwiniana”) al hecho de que “El Yo no es amo en su casa”; refiriéndose
a la imposible dominación del agente y su supuesto control, en donde al hablar/definir/
controlar…hay algo (ello) que habla atreves de él: una verdad que no se conoce, pero igual
se posee y organiza la producción, lo mismo de síntomas, malestares, sueños…como la
vida misma del sujeto, los referentes con los cuales vive, ve, ama, sueña, lucha, fracasa,
etc. En ese sentido, el Yo es puro desconocimiento, su “estado” es el de extrañarse de lo
que ve y lo ve, crearse una idea de lo que es “El efecto de asumir una imagen” (Lacan, “El
estadio del espejo”) La ficción es la de ser una agencia que mira y controla, cuando su
constitución es justamente ser una cosa que también es mirada, pues fue mirada: el yo es
una mirada. Así como se piensa con el Yo, se mira con el Yo: se matizan las experiencias
de aquello que se puede o no mirar. De ahí el ámbito de lo “no visible” cuando alguien ante
el hecho de tener “en sus narices” algo y no verlo, en un primer momento, después para su
sorpresa advierte que eso no visto, siempre ha estado ahí, pero no le hacía mirada. Eso que
los publicistas bien saben: en la confección de la imagen publicitaria no solo se moldea y
busca capturar la mirada de alguien, sino se crearlos.

Me dice un analizante: “Me gusta andar en bici, pues se ven otras cosas, en coche se
ven unas, caminando otras, pero en bici es diferente” Haciendo notar una relación y
efectos específicos para cada serie máquina-medio-de-transporte-mirada. En donde el
ojo es construido por todo el cuerpo (maquina-cuerpo) Si “El cuerpo es un regalo del

lenguaje” (Jacques Lacan) entonces el cuerpo se teje pura exterioridad en lo dicho y visto
en el contexto social (“…la psicología individual es simultáneamente psicología social”,
Freud) Habría que seguir las pistas a las formas en las que los ojos/miradas se pretenden
confeccionar en nuestros tejidos sociales: ¿Qué si ver y qué no?, ¿Qué se quiere “hacer ver”
en el otro? Justo en contextos donde la desafortunada propuesta de Iniciativa México, es la
de –palabras más palabras menos “¿Qué se muestra-ve y que no en los medios respecto a lo
que sucede en México?” incluso en aras de una supuesta “salud mental” al estilo de Vicente
Fox (“Yo no veo periódicos ni noticas pues me deprimen”) y esto, en un momento histórico
donde, en las pasadas elecciones los “video escándalos” fungieron un papel preponderante
en la agenda nacional, ahora se suprimen los ojos

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Friday, January 21, 2011

¿Por qué estamos como estamos?

Camilo Ramírez Garza

“El gran secreto del psicoanálisis es que no hay psicogénesis”
Lacques Lacan

Pregunta insistente en estos días, con la cual se intenta buscar alguna pista de las causas,
sentidos y soluciones a las problemáticas que como sujetos y sociedad nos aquejan (el
sufrimiento del sujeto es parte del colectivo y viceversa). Exclamar ¿Por qué estamos
como estamos? es ya muy general, tanto si se la profiere una sola persona como una
colectividad. Se puede responder con la igualmente infecunda respuesta “Estamos como
estamos porque somos como somos”, enlazar una vez más al padecer con el ser, y de ahí
pareciera que se tiene que “Ser de otra manera” para resolver algo. O el clásico ¿“Se debe a
la pérdida de valores”; “Que si todos somos culpables, que si se requiere más presupuesto
–esto siempre lo piden los sindicatos educativos- etc. etc. y demás lugares comunes que no
hacen más que dormirnos gozosamente en la culpa de estar “bien jodidos” y que nos “falta
mucha educación, cultura y ganadería, etc. etc.… ¿Y luego?

Los “¿Por qués?” dicen todo y nada, son muy vagos, dan la ilusión de localizar una causa
(factores de riesgo, etc.) allá quien sabe donde en un punto en el pasado, en donde todo
habría comenzado a fraguarse. Factores a los que en el presente, se debería “atacar” para
así evitarlos, es decir desplegar el aparato de las estrategias preventivas. Las cuales, en más
de un sentido, no hacen más que suscitar eso mismo que se quería evitar: la prevención
tiene la estructura de la anticipación, fija algo como su causa, dejando algo dentro y algo
afuera, operacionalizando, homologando, reduciendo a la cifra, al dato, descartando otros
muchas posibilidades. Al perseguir dichas “señales de alarma” termina produciéndolas.
Por ejemplo, los motivos que impulsan una guerra, revolución, etc. a menudo terminan
produciendo eso que supuestamente iban a “atacar” (Fidel Castro, Calderón, Chávez, el
PRI, los movimientos de izquierda, etc.) En el caso del presidente Calderón, es su interés
por evitar muertes, proteger a la gente, (“Para vivir mejor”, “Para que la droga no llegue
a tus hijos”) lo que produce exactamente eso que quería evitar. “¿Qué es lo que hace que
la política de la vida termine por acercarse inexorablemente a su opuesto?” se preguntó
Foucault, perdiendo de vista las pisas presentes en donde se inventan nuevas posiciones,
tanto para el sujeto, como para la colectividad.

Como en un psicoanálisis, para dar cuenta del ¿por qué? hay que seguir la pista del cómo.
En ese sentido, la pregunta ¿Por qué estamos como estamos? Y su variante ¿Por qué somos
como somos? Se reformularía a ¿Cómo…? El cómo introduce el tiempo presente, deja a un
lado la moralina que solo se rasga las vestiduras, mientras hace y deshace; esos que “comen
santos y cagan diablos”, nos hace apuntar hacia las pistas, anudamientos y tejidos de lo que

participa en mi/nuestro malestar, dejando a un lado la queja gozosa del “¿Por qué eres así?”.
Que solo se utiliza para joder al otro, des-localizar los verdaderos puntos del problema.
V.gr. Ante las ejecuciones, balaceras, extorsiones y secuestros que se padecen en México,
lo peor es considerar que es “un clima” o una “ola de inseguridad”, y no atender a lo
específico del modus operandi, quedarse asustados por la “narcomanta” sin leer su mensaje,
ver de quien parte, a quién va dirigido y cuáles son sus objetivos, por ejemplo. Tanto del
crimen como del Estado, ¿qué relación? Textos como “El cártel de Sinaloa: una historia del
uso político del narco” de Diego Enrique Osorno, y “Los señores del narco” de Isabel
Hernández. Más allá, o más acá, de los cuestionamientos a la veracidad de los testimonios
de sus fuentes, que por supuesto sus autores sostienen, son ejercicios discursivos críticos
para analizar los múltiples ¿Cómo? de los malestares compartidos, proponen formas de
pensar y estudiar dichas actividades criminales no desde una óptica moral de la
degeneración de la sociedad, los humanos, etc. sino como una actividad comercial y
políticas con sus fines muy claros en su objeto y uso mediático de la información, a la cual,
sociedades avanzadas y sujetos de alta cultura, tienen acceso e invierten, como en cualquier
negocio.

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Tuesday, December 28, 2010

Con amor de madre


por
Camilo Ramírez Garza

A la desgarradora experiencia de perder a un hijo de manera cruenta, miles de madres
en México, deben padecer igualmente el crimen de un deficiente sistema de impartición
de justicia, el cual, sirviéndose de la impunidad y corrupción, realiza de manera velada y
abierta, una violencia y crimen mucho mayores: no dar garantías mínimas de seguridad
y protección a sus ciudadanos, ya no digamos previas mediante la prevención del delito,
sino después, con la ejecución de procesos y penas para quienes delinquen. Lo ideal:
al haber justicia no solo se pone en su lugar a cada cual, sino sirve, por que no decirlo,
para el descanso de familiares y amigos y la sociedad en general, en particular de los
padres. Finalmente la muerte de nuestros seres queridos no quedó impune y su crimen
fue sancionado. Ahí Derecho cumpliría su objetivo de ser garante, mientras que en otros
casos la justicia espera indefinidamente al estilo de la serie “Cold case”. Como es el caso
de los crímenes masivos del 68y 71 en México, que a pesar de conformar una comisión
especializada para dichos delitos del pasado, la justicia no ha tenido lugar.

En muchas experiencias de desapariciones y secuestros, los padres solicitan
clamorosamente al menos saber donde está su hija, su hijo, para así poder descansar,
rendirle homenaje, llorar su memoria. Recuerdo que Nelson Vargas en repetidas ocasiones
así lo manifestaba, como miles de padres a todo lo largo y ancho del país. Pues contar con
un cuerpo y una sepultura es el inicio del descanso, del duelo, tanto del aquejado por el
crimen como para la familia. Cuando esto falta, el amado familiar está en todos lugares y a
la vez en ninguno. Cuando se trata de una muerte por un crimen, además del inmenso dolor
-¡Las palabras no alcanzan!- se añade la de experimentar en la pasividad e impotencia un
acto radical ejecutado por alguien, conocido o desconocido, que en un solo instante, hizo
de nuestra vida algo diferente, sin marcha atrás. “Yo ya no tengo nada que perder, estoy
muerto en vida” (Nelson Vargas)

Los por qués se multiplican y encuentran, cuando no el silencio, las mil posibilidades
explicativas, cada una es un intento por capturar lo imposible, el sentido de la muerte,
del acto loco, criminal, performativo, incluso desconocido para quien lo ejecutó. De ser
los asesinos personas conocidas, se maldicen las horas, días, lugares donde se le vio,
tendió la mano, recibió, platicó…con aquel que le robó el aliento al familiar querido. Y si
además, aquel desgarrador crimen no logra alcanzar una pena por el sistema que debe de
impartir justicia, entonces el dolor no tiene lugar, ni tiempo, ni medida; y al dolor por la
pérdida cruenta de un ser querido se le añade el pesar del crimen de injusticia de un sistema
deficiente y corrupto que en vez de proteger, castiga. ¿Quién entonces hará justicia si el
Estado no la garantiza? ¿Dios, la escuela, la iglesia, precisamente cuando ante las miradas
cómplices de estas mismas instituciones el Estado opera?

La impotencia de Marisela Escobedo Ortiz, activista que surge del dolor por la tragedia
del asesinato de su querida hija, Rubí Marisol Frayre, a manos de un criminal, a quien
la justicia mexicana no castigó, sino liberó, se lanzó a realizar actividades de legítima
protesta, exigiendo justicia, finalmente otro acto criminal, la frenaron, siendo ultimada
enfrente del palacio de Gobierno de Chihuahua, la noche del 16 de diciembre, mientras
colocaba una manta que decía: “Justicia: privilegio del gobernador. ¿Y para mi hija
cuando?”…días antes había dicho: “Si me va a venir ese hombre a asesinar, que venga y
me asesine aquí enfrente, para vergüenza del gobierno. Tengo amenazas por parte de él y
su familia….que venga y termine conmigo, que termine conmigo aquí enfrente, a ver si
les da vergüenza”. La muerte de Marisela Escobedo Ortiz fue un acto más de protesta, que
denuncia de manera radical aquello mismo contra lo que, amorosamente por su hija, estaba
luchando: la impunidad de su crimen, quizás la única posibilidad de lidiar con su muerte.

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